viernes, abril 13, 2007

Pobre.


La soledad no conoce medias tintas.

Es cabrona, la muy, y en ocasiones fulminante. A veces apenas la percibe uno. No tiene prisa, ni pena, ni gloria. No tiene pudor, tampoco.

Llega indistintamente y te hace sentir, a veces cómplice, la pinche soledad.

Se disfraza de oportunidades para serte cruel de vez en cuando, la pérfida. Maquillada de "a lo mejores" o de "podría ser, quizás". Se sabe mover.

Soledad, sin más que eso, sólo sabe hacer mirar a lo oscurito. No es que sea mala. Es que hay días que uno nomás no la soporta. Pobre: debe sentirse despreciada.