jueves, abril 06, 2006

Por escribir.


A veces escribo con la fantasía de que haciéndolo mis palabras viajan (como mis pensamientos) hasta los oídos-ojos del destinatario. Y es que suelo escribir con dedicatoria.

A veces escribo con la noción de que la concatenación de las palabras podría, eventualmente, hilar ideas.

A veces escribo.

De la verborrea que venga algo, lo que sea, de provecho para alguien. Tal vez seas tú.

¿Qué?



Tal vez no tiene sentido.
No significa nada . No quiere decir nada.
No se explica. No guarda ningún secreto.
No muestra una cara falsa.
No elabora dobles discursos. No miente.
No se esconde detrás de nada. No oculta algo más.
No se avergüenza. No imita.
No se justifica. No es razonable.
Tal vez sólo sea etimológicamente perverso.

(...)


Nadie que no quiera soñar debería poder dormir. ¡Qué desperdicio!

Causa


Que sea valiente, me dijo, antes de sonreírme por última vez. No temiendo mi dolor detrás de su ausencia sino sabiendo que pronto comenzaría a entender. ¡Qué inapropiado parecía conversar como lo hacíamos siendo tan jóvenes! Cuántas cosas se dijeron que apenas hoy podemos pronunciar con conocimiento de causa. Hablábamos de amor cuando apenas era una noción de vida para nosotros. ¿De qué hablaríamos hoy si pudiéramos escucharnos?

Que sea valiente me recomienda. Fuerte también. Paciente como los árboles en el invierno y galante como cuando despiertan con la primavera. Que cada otoño sea más que nostalgias. Que los retoños abran espacios a la muerte también. Que mi soledad sea plena y gozosa para que quien la acompañe se abrace con más fuerza. No pudimos congelar una carcajada. Era nuestro plan incrustarla en algún muro o verterla en una fuente donde pudiéramos verla fluir sin agotarse.

Hoy se que me visitará en el instante en que mi lámpara apagare. Largas horas conversamos en la oscuridad, no romperá la costumbre. Pero esta noche su aquiescencia me perturba. No quiero que me recuerde muchas de las cosas que ya dejé de saber.

No estamos solos, decía jugando siempre con una mueca deformada que sugería la verdad detrás de la broma.

Tenía el don de la profecía. Eso creíamos. Y las cosas que previó en mi futuro existen como cualquier posibilidad. Pero hoy me parecen más reales.

Que para no estar solo tendré que aprender a estar solo. Pinche Israel. Te fuiste sin explicarme dónde puedo encontrar la soledad reparadora. Pero cuando te fuiste creo que la encontré. Quien quiera, que la comparta conmigo.

¿Quién se murió esta tarde?


Una tecla sobre otra... ni qué decir. Pero este nuevo silencio aniquila.

El Cristo Trigueño.


Halagado seas, ya que no alabado, Cristo Trigueño. Que en la memoria de tu olvido no caiga nunca nuestro rostro. Apiádate, señor niño, de nuestro corazón y cobíjalo bajo el manto de tu cuerpo alguna vez, que nuestras oraciones no cejan de pedir tu redención.

Ahoga la risa que te produce nuestro rezo y condona la ingenuidad a que apelamos; extiéndenos tus manos, acepta sin reclamo nuestro beso.

Muéstrate generoso como has sabido ser siempre y dirige tu dulzura hacia nosotros, que la cordura nos sirva para tomarla con prudencia.

Halagado, Trigueño Cristo, niño hermoso: Señor redentor de tersas llamas, consume nuestro aliento y su sollozo, enséñanos, a fuerza de rogarte, que nos amas. Enséñanos también, niño adorado, que un poco de dolor sea valorado.

Tómanos en tus brazos y en tus piernas y los espacios de tu cuerpo divino y sumérgenos fino a tu calor piadoso.

No nos dejes, en fin, de tentación desprovistos y regresa a tu rebaño deseoso, vuélvete, vanidoso, a nuestro corazón y despliega tu encanto en sus latidos, que nuestra sangre sirva para llevarte a todos lados, que inmolados seremos a tu voluntad sometidos.

Trigueño, niño Cristo, señor halagado. Jamás mi pensamiento fue más elevado que teniéndote en mente siempre visto. Y me visto de tu recuerdo y el anhelo de tu devoción y te busco con decisión en cada cuerpo que velo.

Una llaga más y seré vaticinado en tu honor. Y por ello, halagado seas, y más aun, alabado, Cristo Trigueño.

De Pedazos Piezas


A.- ¿Y si hacemos el amor?
B.- Hoy no porque hace frío.
A.- Pues con mayor razón. Así podríamos darnos calor el uno al otro.
B.- Dios quiso que hubiera días con sol, tardes nubladas, amaneceres frescos, noches estrelladas y que hoy hiciera frío. No veo por qué tendría que llevarle la contraria y buscar el calor cuando lo que él quiso es que sintiera frío.
A.- Tal vez tengas razón.
B.- ¡Claro que la tengo! Cuando hablo de Dios no puedo equivocarme... él no lo permitiría.

Piezas de un Pedazo


A.- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
B.- ¿Desde cuándo?
A.- Desde la última vez que hicimos el intento.
B.- No lo tengo claro. Puede ser que hayan pasado días, meses, años. Quizá años y es por eso que no lo recuerdo.
A.- Dicen que todo se cura con el tiempo.
B.- ¡A mi me enferma el tiempo!
A.- ¿Qué tiempo hace hoy?
B.- Está nublado.
A.- Quizá ha llegado la hora.
B.- ¿No te has dado cuenta de cómo la gente suele adjudicar características humanas a las cosas intangibles?
A.- ¿A qué te refieres con intangibles?
B.- Pues a eso... ¡las que no se pueden "tangir"!
A.- Ya veo. ¿Y qué con eso?
B.- Pues que no se puede.
A.- Pues no porque son intangibles.
B.- ¡Que no les corresponden! A ver... ¿Cuándo has visto a una hora caminar? ¿Cómo son sus piernas? ¿De qué color era el vestido que llevaba? ¿O estaba desnuda?
A.- ¿De qué estás hablando?
B.- Lo ves... ¡ni si quiera a un demente como tú le impacto esa lógica!
A.- ¡No entiendo!
B.- Y ese es mi punto: Ni las horas caminan, ni los días pasan. No existen tal y como nosotros. A mi me puedes ver pasar, caminar y hasta caerme en un hoyo.
A.- Ten cuidado. Te puedes lastimar.
B.- ¿Me estás prestando atención?
A.- ¿Cómo se hace eso? ¿Dónde guardo mi atención..? ...como para traértela y con todo gusto te la presto.
B.- Es inútil.
A.- Déjalo. Ya pasará.

Piezas (quizás pedazos)


A.- ¿Quisieras poder leer mi pensamiento?
B.- Eres tan claro como el agua. No hace falta.
A.- ¿No te gustaría?
B.- Como un libro abierto... con tus páginas al descubierto casi obscenamente. Un exhibicionista.
A.- Un pensamiento sincero. Algo que no tuvieras que interpretar porque sabrías perfectamente qué es desde la fuente. Sin más.
B.- Cada gesto, cada uno de tus gestos... ¡los he visto todos! Te conozco. Nada puede sorprenderme.
A.- ¿Qué estoy pesando ahora?
B.- ¡No me da la gana decírtelo! Bien lo sabes.
A.- Sí, lo sé.
B.- Pues ya ves. Sabía que lo sabías antes de que me lo dijeras. ¿Quedó claro? Y no tuve que leerte el pensamiento.
A.- Hay algo que quisiera decirte...
B.- Pues muévete. Camina de un lado a otro. Quédate sentado... haz lo que quieras. Con tu lenguaje corporal bastará. No gastes el silencio que es precioso.
A.- ¿Así lo prefieres?
B.- Así. De cualquier forma no podría sorprenderme nada de lo que dijeras. No estoy para eso.
A.- Pues me callo.
B.- Pues callado.
A.- Pero antes quiero estornudar.
B.- Adelante.
A.- En seguida. (...) Estoy a punto. (...) Lo siento aquí... (...)
B.- Estornuda de una vez o cállate.
A.- Bien, me callo. (¡Atchisss!)
B.- No puedo confiar en ti.

Pedazos (Quizás piezas)


A.- Siento como que esto ya lo viví.
B.- Seguramente. ¿Crees que eres original? Siempre estas haciendo lo mismo.
A.- En serio. ¿Cómo le dicen a eso... cuando uno tiene la sensación de que ya vivió algo?
B.- Mediocridad.
A.- Pero además siento que inclusive ya había vivido la sensación misma... quiero decir que hasta incluye el momento en el que digo y siento "esto ya lo viví". ¿Cómo se le llama?
B.- Uno anda por el mundo viviendo la vida a cada instante y de pronto te topas conque, en realidad, eso ya lo viviste. ¡Qué fraude!
A.- Estoy seguro de que es una palabra en otro idioma...
B.- Como si vivir la vida no fuera lo bastante tedioso como para encima darse cuenta de que ya lo vivió uno antes. Es como mirar en un espejo que refleja otro espejo.
A.- ¡Pero qué profunda sensación! Estoy seguro que nunca antes había tenido una tan prolongada. Me estoy asustando.
B.- Es como para entrar en pánico. ¡Qué tal que te viene esa sensación justo en un momento horrible! Estar pasando por una tragedia y en medio, en el peor momento, tener la sensación de que ya lo has vivido antes. ¡Imaginas el horror! Un horror con repetición instantánea.
A.- ¡Y qué ansiedad! No puedo recordar cómo se le llama.
B.- Pobres. Estoy seguro de que debe haber alguna manera de evitarlo. Un antídoto.
A.- ¡En francés, creo!
B.- Ya olvídalo. Solo de pensarlo me invade el terror. No te obsesiones.
A.- No me obsesiono. No es lo mío. Pero ya sabes que de que se me mete una idea en la cabeza no la suelto sino hasta que termino con ella.
B.- Las aniquilas.
A.- Tal vez tengas razón.
B.- Claro que la tengo. Hoy es mi día.
A.- Siendo así, lo dejo por la paz.
B.- Vaya, ya era hora. Creo que se dice de-ja-vú.

Pedazos


B.- Hay algo que me preocupa.
A.- ¿De qué se trata?
B.- No sé si deba decírtelo.
A.- ¿Por qué?
B.- Porque de alguna manera te involucra.
A.- ¿Ah, sí? ¿De qué se trata?
B.- No sé si deba decírtelo.
A.- Pues piénsalo bien.
B.- ¿No te interesa saberlo?
A.- Por supuesto, pero prefiero esperar hasta que estés listo para compartirlo conmigo y no forzar a que lo digas si no estás convencido.
B.- Pues entonces no te interesa.
A.- Te digo que sí.
B.- Si realmente te interesara querrías que lo dijera ahora mismo. Estarías mucho más ansioso por saberlo.
A.- ¿Tú crees?
B.- ¡Carajo, no cambies el tema!
A.- ¡Pero..!
B.- Si no te interesa después no me vengas con reclamos. Cada vez que tenemos la oportunidad de conversar terminas inventando algo para impedirlo.
A.- ¡Eso no es verdad!
B.- ¡Y encima tengo que soportar tu cinismo! Estoy harto de ti. ¡¡¡Harto!!! No puede ser que no puedas ni si quiera hacer el esfuerzo de escucharme con franqueza. Por eso prefiero quedarme callado. Es más fácil callar que hablarte.
A.- No todos piensan igual.
B.- ¿Y quién te dijo que me importa lo que piensen los demás? Como si no me conocieras.
A.- Pero un día me lo vas a decir.
B.- ¡Claro! Ahora sí que quieres escucharme. Te produce una curiosidad morbosa, sientes culpa... pero así nadie puede prestar oído serenamente y yo necesito de tu serenidad para hablarte... eso en el supuesto de que quisiera decírtelo, pero ya no me interesa. Ahora te jodes.
A.- Otra vez.
B.- Otra vez te lo mereces.
A.- Tal vez tengas razón.
B.- ¿Por qué dudas de mi?