La soledad no conoce medias tintas.
Es cabrona, la muy, y en ocasiones fulminante. A veces apenas la percibe uno. No tiene prisa, ni pena, ni gloria. No tiene pudor, tampoco.
Llega indistintamente y te hace sentir, a veces cómplice, la pinche soledad.
Se disfraza de oportunidades para serte cruel de vez en cuando, la pérfida. Maquillada de "a lo mejores" o de "podría ser, quizás". Se sabe mover.
Soledad, sin más que eso, sólo sabe hacer mirar a lo oscurito. No es que sea mala. Es que hay días que uno nomás no la soporta. Pobre: debe sentirse despreciada.
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